Con apenas una década, nuestra entidad comienza ocupar espacios en el deporte nacional e internacional. Estamos en marzo de 1923, cuando nuestro nadador Juan Álvarez interviene en la travesía del Puerto de Buenos Aires y logra el tercer puesto, escoltando a Pedro Candiotti, uno de los más populares nadadores del país. Todo un estímulo para nuestra natación que culminó con el nombramiento de Álvarez como primer capitán de la actividad. Los triunfos deportivos se sucedían. Cattáneo y Nicolini marcan el primer triunfo oficial en tenis, al ganar el campeonato de dobles de la Ciudad de Buenos Aires, bajo la capitanía de Allen.
A estas alturas, el club registra 2.044 socios y cuenta con una carpintería capaz de construir desde nuestros bosques hasta magníficos cruceros como el “Doria”. Todo indicaba que era el momento indicado para organizar la VII Regata Interna. Así fue como en enero de 1934, el Club San Fernando organizó esta competencia, con la inclusión además de una orquesta para amenizar la reunión con que culminará esta auténtica fiesta. Durante este mismo año también se celebrará el debut de nuestras damas en los torneos oficiales de tenis.
En tanto, una actividad cotidiana del club ha adquirido fama por toda la zona: las milongas de los fines de semana. Al mando de la victrola estaba siempre Don Delfín Álvarez, el encargado del buffet, quien cambiaba la púa cada dos o tres discos para que las damas y caballeros puedan bailar hasta las once de la noche, momento en que la velada llegaba a su fin.
Cuatrocientos socios ingresan a club a lo largo de 1935 y suman 240 las embarcaciones amarradas en el único canal disponible. Mientras tanto, los éxitos de nuestros atletas continúan. Durante el torneo realizado en el Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, la consocia Betty Jeppsen bate el récord argentino y sudamericano en salto, con una marca de 5,17 metros. Junto con ella, las socias de Sanfer muestran ser deportistas de ley: el equipo femenino de hóckey de segunda división, formado en el club, conquista el ascenso y, aunque se carece de instalaciones adecuadas, en una base del primer piso cercano al buffet, un grupo reducido de mujeres se animan a las clases de gimnasia.
Llegaba 1936, y con él los tristemente recordados Juegos Olímpicos de Berlín. En estos Juegos Olímpicos, Sanfer dio el gran salto internacional. Nada menos que tres asociados de nuestro Club representan al deporte nacional en la máxima competencia deportiva: Antonio Giorgio, en remo; Clifford T. Beswick, en atletismo, y Rubén Baravino Devoto, en esgrima. Y no pasaron desapercibidos. En el Libro de Oro de los Juegos Olímpicos consta que el argentino Giorgio, especialista en single scull, a una edad en que la mayoría deja de competir –tenía 36 años al momento de la competencia-, y tras agotadoras eliminatorias, conquistó un meritorio sexto puesto. Por su parte, Beswick logra un glorioso cuarto puesto en la posta 4 x 100.
Siguiendo con el atletismo, Leandro Alonso se convierte en la revelación del torneo abierto “Interclubes de Atletismo”, realizado en 1937 en el Club San Fernando, al imponerse en las cuatro pruebas en las que intervino.
Por su parte, el remo también cosechó triunfos memorables durante este año. Nuestro ocho seniors cruzó la meta en Río Santiago, logrando el primer puesto por sobre cinco tripulaciones, en una terminante demostración de superioridad, logrando el primer triunfo en dicha categoría. Es en ese año ’37 también cuando la tercera división de tenis caballeros se clasifica campeona invicta.
Transcurre 1939 cuando el Club San Fernando accede al triunfo esperado por todo el remo nacional: nuestro ocho seniors vence a dos tripulaciones uruguayas consideradas imbatibles, logrando una victoria épica para el deporte náutico. Además, las tenistas de tercera división conquistan el ascenso al atribuirse el campeonato de ese año.
Pese a los tiempos difíciles que preceden a la tan temida Segunda Guerra Mundial, el incremento de la matrícula de socios y la sucesión de triunfos obliga al inicio de un nuevo ciclo en la institución en pro de la difusión de las prácticas deportivas. En ese sentido, en 1940 se inaugura el Edificio de Remo; y dos años más tarde, se crea el Departamento de Educación Física, que tiene como tareas coordinar las distintas capitanías, las competencias, los torneos internos y las demás actividades.
Para el final de este período, son 427 las embarcaciones amarradas, superando todos los cálculos previstos al iniciarse la segunda década del club. El Club San Fernando ya estaba posicionado como unos de los clubes más importantes del país.